domingo, 26 de julio de 2026

El contador de cartas

 

Dirección y guion: Paul Schrader

Reparto: Oscar Isaac, Wilhem Dafoe, Tye Sheridam

EE.UU. 2021 112 minutos

Movistar






The rain maker

Paul Schrader es un guionista maravilloso, que se enseña y se leen sus libros  en las academias de cine de medio mundo. Es autor de Yakuza, Toro salvaje, Taxi driver, American gigoló, El reverendo, La última tentación de Cristo... entre otras grandes películas.

En esta imparte una lección de cómo hacer una crítica despiadada del ejército americano, sus pompas y sus obras, por ejemplo en Abú Ghraib o Guantánamo, a través de una historia sobre un personaje atormentado que juega de forma profesional y gana contando cartas. 

(Nunca me he podido explicar por qué esa habilidad está prohibida en los casinos. Es como si prohibieran correr con los dos pies a los maratonianos).

Como en todas sus películas la banda sonora está muy cuidada y pespuntea perfectamente las imágenes, algunas marca de la casa con esos muebles amortajados en paño blanco o las luces cenitales parpadeantes de las ciudades. 

Quizá la relación entre los dos protagonistas está demasiado impostada, pero en general, -aviso para navegantes de agua dulce-, el producto final es realmente inquietante. Y la culpa, ese artefacto cristiano, preside la obra. Paul creció en una familia calvinista y luego se hizo presbiteriano.

Merece la pena revisar la obra de este maestro del séptimo arte antes de que rinda su ultima reverencia en el escenario ya que frisa los ochenta. Queda su obra de hacedor de lluvias y contador de historias.

alfonso

martes, 7 de julio de 2026

Todas las mañanas del mundo

 

Dir. Alain Courneau

Reparto: Gérard Depardieu, Jean-Pierre Marielle, Anne Brochet, y Guillaume Depardieu

Francia, 1991, 115 minutos

Filmin







No habrá más pena ni olvido
A uno le sucede con esta película de 1991 como al navarro que llevan ante el juez tras propinar una paliza a un judío. "¿Es usted antisemita? No señor, para nada. Y entonces... Es que han matado a Cristo. Pero eso fue hace dos mil años. Ya, pero yo me he enterado ayer".

Una maravillosa película, algo errática en su planteamiento, que glosa la figura del mayor violonchelista del siglo XVII de una Francia de ropones  estridentes y pelucas imposibles iluminadas tenuemente bajo los auspicios de la mejor pintura barroca, algo tenebrista, pero siempre a la titubeante luz de las velas y los resplandores del mejor vino de esos siglos.

El maestro vive absorto por la muerte de su esposa, capítulo al que no pudo asistir, y se regodea en su viola de siete cuerdas en una cabaña languideciente entre melodías imposibles, que no llegamos a saber si son frutos de la pena, la congoja, la contrición, la culpa o la egolatría de un misántropo de plenilunio.

La maravillosa interpretación de Jordi Savall, aun a los ojos de un profano, tan excéntrico al parecer como el propio personaje, transporta al oyente, devoto de Bach y ajeno a Mozart, a esa tierra de nadie
donde vive la música más ajena y más próxima los oídos del ser humano.
alfonso