martes, 18 de noviembre de 2014

Ricardo III

Artificio, mediocridad, falta de talento
Dir. Carlos Martín
Dramaturgia, José Sanchis Sinisterra

Act. Juan Diego, Juan Carlos Sánchez, Jorge Muñoz, Ana Torrent, Terele Pávez...

Teatro Español
Trabajos de amor perdidos
Considero un fraude utilizar micros en un teatro como el Español. No solamente se acoplan y se oye, en una ocasión al menos, fritura. Es que todo suena en un altavoz situado arriba en el centro. Es patético ver a los actores saliendo de escena por un costado y que su voz se oiga... arriba en el centro. A veces no sabes quién está hablando porque suena... arriba en el centro. Y las escenas y los cuadros se amontonan... abajo, apiñados en el centro. 

Más artificios. La banda sonora, no como dice el programa de mano, el ambiente sonoro. Es algo extraño al teatro, además, onmnipresente y machacona. Más: las transparencias funcionan muy bien sobre los velos, parecen a veces auténticos forillos o cromas en 3D. Pero sobran, como sobran los fantasmas diciendo un texto... en pantalla. Los velos para trasmitir sueños e irrealidad son un poco evidentes pero podrían funcionar en algunas escenas. No en todas.

Y de todo eso deben contagiarse los actores. En la primera parte gimen, no mastican el odio. Chillan, no escupen el veneno que destila el personaje. Recitan, no interpretan la magia de El Bardo. Todos y todas. Y luego, Juan Diego... No da el papel, no se hace con el personaje en ningún momento, por mucho que se esfuerce. Y se esfuerza, suda, grita, y se saca una vis cómica de la chistera. Que los dioses del teatro me perdonen, pero a veces suena y se mueve como Chikito...

Tampoco acierta Sanchis Sinisterra al darle la vuelta a la trama y al alterar su desarrollo en un flash back que difumina el contenido la obra. Es puro oportunismo afirmar que podemos identificar la corrupción actual en esta adaptación.

Y el responsable absoluto de tamaño despropósito debe ser, supongo, el director Carlos Martín.

A veces, restalla la prosa inigualable, 500 años después, de Shakespeare: Desespera y muere le dicen los fantasmas al contrahecho homúnculo antes de entrar en batalla. O cuando nos alecciona sobre cómo invocar las mejores maldiciones. 
Sobra dinero, falta talento...
alfonso

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