viernes, 21 de noviembre de 2014

La bella de Amherst

Emily Dickinson
Dir. Juan Pastor
Act. María Pastor
De William Luce

Teatro La Guindalera

















Una mujer descalza ordena el mundo
La historia de la bella Emily Dickinson, tanto en la representación como en el original de la obra, la más grande poetisa estadounidense, fundacional y como su par masculino Walt Whitman, naturalista, optimista, de barba de mariposas como luego dibujó Lorca.

El magnífico texto nos lo desgrana María Pastor con un largo aliento de hora y media y magnífica técnica que no traiciona la emoción, en la que nos cuenta a su padre, su casa, sus fallidos intentos de publicar, su estirado maestro de tres al cuarto, la losa enorme de su origen calvinista heredero del May Flower, su huerto, las flores que adornan la tumba de su padre, -otra vez su padre, sin que aparezca su madre hasta muy al final-, sus hermanos, y los animales, animales, animales, condenando, eso sí a las impávidas gallinas, ponedoras de sí mismas.

En esa caja de bombones que es La Guindalera, y que dure, asistimos al tránsito desde la infancia hasta la muerte de una escritora que se bebe el tiempo -murió a los 56-, y que nos regala vida e historia mientras ordena su habitación, sus afanes y su legado, a la par que junta las palabras y hace que suenen.

El cielo tiene playas donde evitar la vida
Y hay cuerpos que no deben, y hay cuerpos que no deben
Y hay cuerpos que no deben repetirse en la aurora.
alfonso



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