lunes, 9 de marzo de 2015

Calvary

No hay piedad para los malvados
Dir. John Michael McDonagh
Act. Brendan Gleeson, Chris O'Dowd, M. Emmet Walsh, Kelly Reilly...

Irlanda, 2014, 102 minutos
No hay piedad para los malvados
El hermano "malo", John Michael, El irlandés,  ha hecho por fin una película digna de su hermano Martin, Escondidos en Brujas, tirando del actor fetiche de los dos, Brendan Gleeson, al que no he visto ni una sola actuación mala. Una película irlandesa rodada en Sligo, el salvaje oeste de la isla y alrededores de Dublín, con su música,  su Guinnes, Jameson, culpa, curas, borrachos, mujeres alegres, médicos ateos y pelirrojas de bandera, perdón por la redundancia.

Los curas tomaron a los niños como botín de guerra por colaborar en la batalla contra los ingleses que medio les echó de la isla. Siguen saliendo a la luz sus tropelías, últimamente de la mano de Benjamin Black-John Banville, al que se homenajea expresamente en esta durísima película. En sus cien minutos se recorre una amplia galería de personajes, a veces retratados algo puerilmente, presididos por un cura bueno, al que una víctima de abusos le confiesa que le va a matar en una semana para que pague por todos los malos.

Muy buenos diálogos, farfullados en un inglés de piedra irlandesa, maravillosos paisajes a vista de dron y de tierra, música gaélica y brillante fotografía para ver un recital del actor principal y un cameo crepuscular de M. Emmer Walsh, aquel inolvidable detective de Sangre fácil, la ópera prima de los Coen.

Y por cierto, el perdón no existe. Es puro marketing de los curas.
alfonso


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