sábado, 1 de septiembre de 2012

Hara Kiri, muerte de un samurai

Dir. Takashi Miike
Act. Ebizo Ichikawa, Eita, Koji Yakusho
Japón, 2011








El samurai que hacía sombrillas de papel
Segunda película que llega por estos pagos del gran Miike, ver la anterior 13 asesinos, que homenajea sin tapujos el clásico de los 60 realizado por Masaki Kobayashi, a la vez que constituye todo un canto al periodo de cine canónico japonés de Ozu  y Kurosawa.

Al igual que su predecesora, plantea un ataque frontal contra el Shogunato, en este caso de la dinastía Tokugawa a finales del siglo XVII, que vino a concluir el periodo Edo de grandes y salvajes luchas feudales, para dar paso al periodo Meiji, que supuso la apertura de Japón y su despegue como potencia colonial de Asia. Pero también apunta directamente contra el Trono del Crisantemo, vigente hoy en día con la patética dinastía monárquica de los Hito y, sobre todo contra el neofascista ilustrado de Mishima que vino a reivindicar la subcultura samurai y su código de honor, el bushido, tras la derrota nuclear.

Especialista en coreografíar peleas a espada, Miike, rinde un homenaje a su predecesor a base de una fotografía cálida y prodigiosamente iluminada, con lentísimos travelling, una cuidada puesta en escena, -admírense sobre todo los kimonos- y una música tan refinada como el resto de la película.

Pero tampoco desdeña la violencia de un samurai que tiene que elaborar sombrillas de papel de cera para sobrevivir en las penurias de la oscura era medieval japonesa, a la vez que reivindica también la educación, los libros y al campesinado. 

Ecos de otros tiempos en esta época de vuelta a un neofeudalismo digital,  tan poco propicia para la lírica.
alfonso



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