viernes, 8 de enero de 2016

El club

El club de los curitas muertos
Dir. Pedro Larraín
Act. Alfredo Castro, Roberto Farías, Antonia Zegers...



Chile, 2015, 97 minutos















El club de los curitas muertos
Cuatro curas y una monja que les cuida se esconden de la justicia civil en una casa de la iglesia, al sur de Valparaiso. Uno es cura castrense colaborador de la tortura en la dictadura, otro pedófilo, otro robaba niños y los vendía y otro es un demente que no recuerda ni sus crímenes. La monja se compró una niña en África para maltratarla. Es decir, unos auténticos profesionales.

Cuando llega otro cura pedófilo le persigue una de sus víctimas desde niño, drogadicto, enloquecido, una auténtica ruina humana que comienza a cantar sus penas ante la casa logrando que el recién llegado se pegue un tiro. Y entonces llega la "nueva iglesia", uno de esos curas que  en el colegio llamábamos  el "cura colega", que tocaba la guitarra, tenía halitosis y jugaba al fútbol.

Con una fotografía áspera, brumosa y un pelo desenfocada en un paisaje gris de mar Pacífico en invierno y sin un solo color contrastado, Pedro Larraín, director también de No, nominada al Oscar, nos cuenta una historia sórdida hasta la arcada, que no ahorra detalles, a cargo de unos intérpretes de la escuela chilena de teatro. Magníficos, pero que han debido pasarse una temporada en un balneario del alma, por ejemplo un pub irlandés, solitario y sin música, para librarse de sus personajes. 

Lástima de final, porque no puede haber perdón para los malvados -menos si son curas-, y algunos creemos en la justicia y ciertamente en el poder catártico de la venganza.

La estrenaron en octubre y no quise ir a verla entonces, me parecía de una negrura extrema. La primera sensación es siempre la buena.
alfonso



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