Dir. Ken Russell
Reparto: Vanessa Redgrave, Oliver Reed...
UK, 1971, 103 minutos
Movistar
Acaban de reestrenar la versión completa de una de las películas más censuradas de la historia del cine y casi todos los plumillas, incluido el que suscribe, se apresuran a publicar sus críticas sobre la misma. El tema sigue siendo las luchas entre católicos y hugonotes en la Francia de Richelieu, aromatizadas con un escándalo de posesión diabólica dentro de un convento de monjas.
Esto le sirvió al eximio director, famoso por sus excesos paranoides, para tejer una película de asombroso mal gusto, que se sostiene en las sólidas actuaciones de la pareja principal y en la vergüenza ajena que producen las imágenes presuntamente escandalosas con cristos profanados, masturbaciones con restos humanos y monjas más salidas que el pico de una plancha.
Algunas escenas mueven a risa: un remedo de Errejón disfrazado de John Lennon; unos médicos torturadores con aire de sanchistas puteros; unos decorados que pretenden ser modernistas aunque se asemejen a la ciudad del Pocero en Seseña; Luis XIII vestido de loca reproduciendo el cuadro del nacimiento de Venus...
Vi la película en Inglaterra en 1974 y me pareció lo suficientemente escandalosa para ir corriendo a contarla a todos a mis coetáneos a mi regreso. Era como una dulce venganza de los curas de mi colegio.
Luego vi Viridiana, la mejor película sacrílega de la historia, de un aragonés genial con una gran sentido del humor y muchísima retranca.
No hay color.
Y de La vida de Brian, mejor ni hablamos.
alfonso
